Desesperadas norteamericanas porque apoyo no llegará pronto

Las tres automovilísticas de Detroit en Estados Unidos están desesperadas. Dicen que si el apoyo del gobierno norteamericano no llega antes de que Barack Obama tome posesión el día 20 de enero, corren el riesgo de sucumbir como sapos apachurrados. GM, Ford y Chrysler están presionando a los senadores para que autoricen préstamos que pueden ir de los $50 mil a los $70 mil millones de dólares, ya, de inmediato, porque la recesión norteamericana tiene en vilo las ventas de automotores en el mayor consumidor del mundo. Pero todo indica que los millones de billetes verdes no llegarán tan pronto como lo esperaban.

Cuando hace unos meses todavía se veían uno a otro de reojo y hacia abajo, en términos realmente despectivos, ahora están juntitos pugnando porque papá gobierno los saque del atolladero que, dicen los que saben de economía, ellos mismos se metieron hace 15 años por pasar del capital productivo al especulativo. Nomás que el sistema lo reventaron ellos mismos.

Allí están en la excelente foto de Automotive News, Ricky Wagoner, presidente de General Motors –GM siempre primero, dice la publicidad ¿no?–, Bob Nardelli, el que pasó de Home Depot a dirigir la Chrysler LLC del Grupo Cerberus –«el perro que cuida las puertas del infierno» ¿lo recuerdan?– y Alan Mulolly, de los aviones Boing a la venta de automotores como presidente de Ford. Diciendo que «ellos son comprensivos a lo que el gobierno quiera dispensarles». Así se flojitos… y cooperando. Todo sea porque la ayuda fluya y sea rápido porque las tres no tienen liquidez. Así de plano.

La historia comenzó ayer cuando en Congreso norteamericano puso en la agenda del día la discusión sobre la autorización de un préstamo de urgencia a la industria automotriz, con bajos intereses –¿así cobraron los de las ventas de sus coches?– para de plano no declararse en quiebra técnica. Si estuvieran en México eso no les pasaría porque el que actualmente es el secretario de Gobernación diseñó, junto con otros «especialistas» hace unos meses, una ley mercantil que disimula las quiebras y salva modestamente a los sufridos empresarios de la catástrofe mundial creada quién sabe por qué y por quién. En México tendrían Jauja en sus empresas.

Bueno, el tema en el Congreso gringo es que los senadores republicanos se opusieron a que fluyan esos caros recursos para una industria, dicen, que no hizo su tarea de producir más y mejores automóviles, que se dejó ganar el mercado por los japoneses y que ahora no saben qué hacer. Los conservadores dicen que la prioridad no es salvar a los automóviles –de esos hay muchos, prejuzgan–.

Para nadie es un secreto que las grandes corporaciones como GM, Ford y Chrysler apoyaron las carreras políticas de senadores y diputados republicanos y demócratas, menos apoyo a estos, en el vecino país a cambio que estos votaran leyes a favor de las empresas. Ahora, con el revés a los republicanos que encontraron menor apoyo en Michigan, cuna de la industria automovilística de ese país, estos le cobran la factura a la industria al no ofrecer su apoyo para que estos préstamos fluyan.

La industria se reunió hoy para pedir la comprensión del gobierno norteamericano, y que los créditos se den sin cortapisas. «Somos flexibles en el tipo de apoyos que nos quiera dar el gobierno», dicen tres benevolentes capitanes del sector, que por cierto viven particularmente como reyes, con los sueldos más altos del mundo para ejecutivos de su jerarquía. Una vergüenza para los millones de estadounidenses despedidos, echados a la calle por sus travesuras financieras.

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