De «El gran colapso», califican la situación económica en EU

El semanario norteamericano de mayor influencia en la industria automotriz, Automotive News, cabecea o titula «El gran colapso» su nota principal en su edición de ayer lunes 6 de octubre, con respecto a la desastrosa recesión que vive la economía norteamericana cuyos movimientos en Wall Street llegaron a una caída de 508 puntos el día de hoy; 1,500 en los últimos cinco días, y que tienen a la industria automotriz, armadoras y distribuidoras, pendientes de un hilo… y al mundo financiero y a las familias también.

Encausado a ofrecer noticias «optimistas» a sus lectores la mayoría del tiempo, el semanario norteamericano que se edita en Detroit, da cuenta de la terrible situación por la que atraviesa la economía norteamericana y a cinco columnas –el ancho de su página– cabecea con letras mayúsculas «EL GRAN COLAPSO», seguida de un recuadro con flechas rojas y las bajas ventas que tuvo la industria en el mes de septiembre: Nissan -37%, Ford -36%, Chrysler -33%, Toyota -32%, Honda -24% y GM -16% comparados con el mismo mes del año anterior.

En promedio, las ventas de vehículos ligeros en Estados Unidos cayeron 26.6% en un mes que normalmente comienza a ser el preludio de las mejores ventas del año. Pero no fue así.

El colapso financiero en el que está sumido Estados Unidos, y que está arrastrando a quienes lo siguieron en su loca aventura de gastar más recursos de los que realmente tenía, o sea al mundo financiero, las grandes bolsas de valores de Frankfurt, Tokio, Londres, París, Roma, y de las economías emergentes de países hasta ahora satélites como Brasil, México, Taiwán, ha llegado a la industria del automóvil que, a pesar de una ayuda prometida por el Congreso norteameriano valuada en $25,000 millones de dólares para el próximo año (que quién sabe si se concrete por la baja tras baja de la economía de ese país), ha registrado la baja en ventas más grande de su historia.

Como lo manifestamos en su momento, o sea a principios del segundo semestre de este año en este espacio de alvolante.info, las ventas de vehículos en EU podrían cerrar en diciembre en 13 millones de unidades, pronóstico inclusive abajo del mejor balance hecho por los analistas que dependen de bancos hoy en la quiebra.

Y con esta predicción realista más que pesimista, quedan atrás los pronósticos del amante de los aviones y ahora presidente de Ford, Alan Mulally, quien decía que para 2010 venía la recuperación de la industria automotriz y de su alicaída empresa. Se equivocó.

También se equivocaron todos los columnistas del mencionado semanario que en su visión patriótica y defensora del sueño americano –que ahora los más oportunistas llaman «la gran pesadilla americana»– decían que la recomposición de su economía se daría a partir de mediados del año 2009. Ahora no tocan el tema, lo esquivan alegando que el gobierno debió rescatar antes al sector que ha registrado más de 800 agencias de automóviles en bancarrota.

En septiembre la industria norteamericana vendió un millón de unidades, parámetros que no se registraban desde febrero de 1993. Retrocedieron tan sólo 15 años de un plumazo.

Para conocer la magnitud del desastre automotriz en Estados Unidos en septiembre pasado, sólo hay que mencionar que las ventas de Toyota retrocedieron lo mismo que vendían hace 20 años. ¿Queda claro el asunto?

Si la situación de la desvergonzosa especulación de bancos en Wall Street, que van a ser rescatados con dinero público por $7,700 millones de dólares, aunque estos recursos no van a alcanzar para reestablecer la confianza en el sistema económico norteamericano, es sumada al fenómeno de altísimo precio de las gasolinas que comenzaron a restar las ganas al consumidor de comprar más automóviles, sobre todo aquellos de gran cilindrada, se podrá ver que esta mezcla ha sido peligrosa, tanto que esta caída en las ventas de automóviles está generando el regreso a políticas de bajo costo de las unidades nuevas por parte de las armadoras, dirigidas a sus propios empleados. Las ventas de empleado a costo.

Pero esos trabajadores de las propias compañías no caen en el entusiasmo ficticio de la promoción mercadológica de sus propias empresas. Saben que lo primero es cobrar la quincena, y lo segundo guardar el dinero por si la cosa empeora… o los corren del trabajo.

Por si fuera poco, ha surgido un tercer elemento de la ensalada recesiva: La crisis del crédito. Bancos a punto de quebrar por haber prestado dinero en hipotecas ahora incobrables y que tienen una oferta de un millón 400,000 casas en la lista, ya no están prestando el dinero que no tienen. Por tanto, el consumidor no puede adquirir fácilmente como en la Jauja Norteamericana de hace un año, cuando Bush junior se pavoneaba de dirigir a la primera potencia mundial capaz de meter a sus marines hasta el último rincón del mundo en pro de su idea de democracia.

Desde enero a la fecha, en Estados Unidos han cerrado 21,461 puntos de venta de autos y camiones en ese país. ¿Se comprende la magnitud del problema para el sector de la comercialización?

La pregunta final es: ¿Cómo le irá a México, su industria, sus agencias, con este «catarrito» del vecino del Norte, a decir del señor Carnstens en su última presentación televisiva, en vivo y a todo color?

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