«Hablen, yo cabalgo»: Alonso en el GP de Italia

La secuencia de la imagen en la televisión oficial de Bernie Ecclestone en el Gran Premio de Italia en Monza hoy es evidente: Aparecen las manos enguantadas del piloto español Fernando Alonso que acababa de vencer en el trazado romano con el movimiento de los dedos como diciendo: «Hablen, hablen, yo estoy ganando» (o «yo cabalgo» para referirnos al Quijote de la Mancha de Saavedra).

Hablen, hablen que yo cabalgo

«Hablen, hablen que yo cabalgo»

La semana que concluyó el Gran Premio de la Fórmula Uno terminó con un Felipe Massa que abandonó temprano por más que un problema de neumáticos, como leyó Jean Todt el reclamo del brasileño al principio. Luego se sabría que el asunto iba más allá de la transmisión.

Y es que en semanas pasadas Max Mosley, el titular de la Federación Internacional de Automovilismo envío una carta a Alonso, Lewis Hamilton, que terminó en Monza en segundo, y al piloto de pruebas, el español Pedro de la Rosa, invitándolos a decir todo lo que saben del espionaje a Ferrari.

Una inteligente forma de decir: «Señores, aquí la autoridad soy yo –y claro, ningún piloto va a estar sobre él–«.

Curioso: La prensa internacional se vuelca contra Alonso como un sospechoso más, pero no lo hace contra Hamilton, a quien también Mosley conminó a hablar sobre el histórico escándalo. El ropaje no sólo es en el reinado, sino en medios.

Como sea, esta semana, el jueves 13, para ser precisos, la Corte de Apelaciones del Deporte Motor habrá de dictar una determinación sobre la acusación que existe sobre McLaren de haber intervenido en un supuesto espionaje contra Ferrari y el traslado de un legajo de casi 800 páginas de información confidencial.

Si hay injerencia de pilotos y demás personas de la ingeniería como los ingleses Mike Coughlan y Nigel Stepney, esto más que a espionaje olería a complot.

Ya se adelantan veredictos: Que McLaren quedará sanconada este mismo año perdiendo todos sus puntos, que el paso de Fernando Alonso a su ex-escudería Renault es inminente, que si Max y su gran amigo Flavio Briatore están atrás del complot contra la escudería inglesa, que McLaren no corre más por dos años.

La imagen de un Ron Denis llorando sobre los hombros de su esposa al final del Gran Premio italiano donde «sus muchachos» hicieron el 1-2 es también clara muestra del gran peso emocional que tienen los acontecimentos sobre el director.

Que si Hamilton anda saliendo con la hija del dueño de la McLaren, que si Alonso tapará la boca a todos sus detractores con triunfos contundentes de aquí en adelante… Todo quedaría más abiertamente claro a partir del jueves.

Pero habría otros menos optimistas que no esperarían mucho del veredicto semanal, ya que «la función debe continuar», dicen, por el bien del espectáculo, de la afición y de los ganadores que en este caso son las cabezas de este gran circo que vale miles de millones de dólares.

¿Qué papel juegan los fabricantes automotrices y los derechos de televisión pagados en todo el mundo? Muy importante, por lo que los organizadores deben equilibrar justicia con intereses económicos, como siempre en esta vida, aunque éticamente no sea lo correcto.

Kimi Raikkonen, de Ferrari, terminó tercero en Monza y apenas recuperado de un gran susto del sábado en los entrenamientos donde su auto se jaló hacia la derecha y se estrelló de lleno contra el muro. Susto, pero que al final le representa al finlandés un alto en el camino para tratar al riesgo con más respeto.

La FIA ha sancionado económicamente a McLaren por no informarle de los cambios que realiza en sus bólidos. Y este quizá sea el preludio de lo que le espera a la escuadra del reino para esta misma semana que comienza.

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