El legado de Sid Watkins en la F1; homenaje en su muerte

Hace una semana falleció Sid Watkins, el doctor oficial de la Fórmula Uno. Este neurocirujano lo mismo fue amigo de Ayrton Senna que salvó al vida a decenas de pilotos que siempre le deben estar agradecidos por apoyarlos. Un doctor con toda la palabra. Fue homanjeado el domingo en Singapur.

Dr. Sid Watkins, «el» doctor de la F1 (Foto agencias).

Para quienes hemos vivido de cerca al automovilismo deportivo a través de la Federación Mexicana de la especialidad, y concretamente a través de su gran doctor mexicano Francisco Martínez Gallardo –quien sometió a oficiales de pista a capacitación constante de cómo tratar a un piloto traumatizado– sabemos qué significa la labor de un doctor en la velocidad.

A un servidor le tocó ello a través de la dirección de prensa de la Comisión Nacional de Rallies, donde Martínez Gallardo no sólo fue piloto o navegante (igual que sus hijos Francisco y Javier se dedicaron también al rallismo) sino que coordinó la dirección médica de la F1 cuando vino a México en su segunda etapa de los años 90.

Por tanto, y centrándonos nuevamente en Sid Watkins, hay la conciencia de su gran labor al frente de la dirección médica de la Fórmula Uno.

Watkins atendió a los pilotos siniestrados, a los corredores que salían del difícil trauma de chocar a 300 Km/h y salir ilesos. Watkins sabía experimentalmente lo que había que hacer con ese paciente. Desde cómo sacarlo del auto sin lastimar las vértebras, sin complicar lo que puede ser el caso de vida o muerte al momento de colocarlo en la camilla y subirlo al helicóptero para llevarlo a un hospital, hasta el lecho de muerte del «un piloto nunca fallece en el circuito».

Watkins perdió la vida el pasado 13 de septiembre a los 84 años de edad. Fue doctor de la F1 por 30 años. ¿Qué no pasó en la F1 desde 1982? La muerte de Ayrton Senna, por ejemplo. Él, Watkins, era amigo del piloto brasileño. Debió haber sido duro lo que vivió al lado del corredor, aclarando que Sid fue delegado médico de la FIA de 1974 a 2004.

Watkins implementó muchos de los actuales programas para salvar la vida de un piloto en un siniestro automovilístico de la máxima categoría. Y muchos deben su vida a la intervención de Watkins.

Ya hay un monumento en su memoria, un busto ya colocado. Ya hubo un homenaje. Un gran hombre que hace historia, que es respetado. No como muchos que, pese a su labor de años, pasan hoy inadvertidos.

 

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