Reducirán presupuesto en educación superior en 2009

A ver señoritos del gobierno: ¿Cómo queremos hacer investigación en tecnología y desarrollo si cada año reducen los recursos a la educación superior? ¿En qué cabeza o cabecita cabe la idea que a un mayor número de jóvenes en edad de seguir estudiando su preparatoria o universidad les cerremos las puertas con exámenes de aptitud que todos sabemos que son para recharzarlos aunque sean buenos estudiantes?

La declaración reciente hecha por el rector de la Universidad Autónoma Metropolitana, José Lema Labadie, en el sentido que la propuesta de presupuesto para 2009, enviada por Felipe Calderón a la Cámara de Diputados «coloca en situación complicada a todo el proyecto nacional de educación superior» al reducir los recursos, pone de manifiesto lo que hemos pensado siempre de estos gobierno neoliberales: Aportan cada vez menos dinero a la educación para cumplir con sus promesas al Fondo Monetario Internacional de que el Estado saque las manos de ese rubro y lo deje en la iniciativa privada, nacional o extranjera.

Otra vez la misma historia como con el petróleo.

Entonces, ¿para qué la retórica oficial representada en el secretario de Economía de impulsar el desarrollo tecnológico de las universidades para vincularlo con la práctica y la realidad nacionales? Para qué le dicen, por ejemplo a la industria automotriz, que van a invertir más en ciencia y tecnología, si esos recursos del Conacyt van a parar a manos de unas cuantas empresas trasnacionales quienes debieran ellas aportar dinero para los estudiantes mexicanos en lugar que sea al revés?

Es un gobierno miope, absurdo, idiota, aquél que olvida a sus estudiantes de los niveles de preparatoria y de la universidad, que los deja solos, a la vera del camino, a mitad de carrera y que terminan de vendedores de póliza de seguro en vez de ser investigadores al servicio del país.

Una pregunta a los padres de familia: ¿Hemos hecho bien en apoyar a un gobierno que no apoya el desarrollo educativo de nuestros hijos?

No todas las familias cuentan con recursos económicos para continuar la educación de sus hijos en escuelas privadas de enseñanza superior cuyas cuotas mensuales rebasan los ocho o nueve mil pesos. Un Estado que no está al pendiente de la educación superior, es un Estado flaco, mediocre, gris.

¿Cómo queremos acabar

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