Aún nacionalizada, la GM cae y cae

Si usted pensaba que la intervención del gobierno de Obama iba a sacar a General Motors de la peor crisis de su historia de 102 años, se equivocó. Las acciones de la empresa siguen cayendo como peras maduras, lo que irremisiblemente le hace ir directamente a la bancarrota al igual que la Chrysler.

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El papel comercial perdió hoy 5 centavos de dólar al cotizarse a $1.61 dólares por acción. ¡Con razón el veterano piloto aéreo militar Bob Lutz prefirió renunciar y cobrar buenos dividendos en vez de haber perdido hasta tres dólares por papel!

El consejo de administración de General Motors Corporation en el Centro Renacimiento de Detroit lo componen estadounidenses, franceses, alemanes, japoneses y hasta árabes. Si la empresa se va a la bancarrota, estos accionistas perderán sus papeles comerciales y el gobierno, poseedor de más del 50% de las acciones en una abierta aunque tramposa nacionalización, podrá emitir bonos al pueblo norteamericano. Haga de cuenta que la empresa se convertirá en la cooperativa Boing en México (jugos y refrescos de la Pascual), sólo que en Estados Unidos y en la industria de los coches.

Pero si todo sigue mal esta semana (sólo resta el viernes laboral en Estados Unidos), la acción de GM se puede caer otros dos centavos más. Y si sigue así, terminarán esos papeles comerciales por no valer nada.

Por más esfuerzos de vender «confianza» en Estados Unidos ante los compradores de sus vehículos, estos ven como desaparecerán de un jalón las divisiones Saturn y Pontiac. ¿Qué consumidor no se siente engañado de comprar una de estas marcas y saber que su vehículo se depreciará más del 10% que es normal después de salir de la agencia?

Hay en los Estados Unidos un enorme descontento popular por las deficiencias que General Motors mostró al no poder hacer frente a la competencia japonesa con Toyota por ejemplo. Nissan presentará nuevos vehículos eléctricos mucho, pero mucho más eficientes que el Volt de Chevrolet. Y eso lo critican amargamente los posibles compradores.

«¿Para qué vamos a salvar a una compañía que no supo trabajar bien y que ahora nuestro dinero puede servir mejor para otras causas y no para inyectarle dinero bueno al malo?» es una de las preguntas que con insistencia hacen los norteamericanos.

La General Motors es una empresa ya nacionalizada y hasta los periódicos automotrices más conservadores ya utilizan este verbo en sus crónicas sobre el futuro o no de la que fue la compañía automotriz más grande del mundo.

Sólo que esa nacionalización va a venir acompañada de una enorme transformación, una revolución industrial en la forma de hacer negocios en el país ícono del capitalismo moderno fallido. Y naturalmente con ello vendrá una transformación financiera, metiendo a la carcel a los pillos defraudadores del interés público y poniendo al frente a gente cochera, que ame a los coches pero que le interese más servir a la sociedad.

Algo muy distinto está por pasar en la nueva GM que no tiene por qué llamarse ya así, si se trata de encontrar nuevos cambios en esta industria.

Además, los trabajadores de la Pato Pascual, digo de la General Motors, están propositivos a aceptar el quedarse con el 39% de la empresa que representa un adeudo en pensiones y gastos médicos por $10,000 millones de dólares que la firma les debe y que no ha pagado. Obama parece acceder a esta posición. Así que ¿cuándo se había imaginado usted que el país más capitalista de la Tierra terminara por nacionalizar y entregar a los obreros el cuasi control de una firma automotriz?

Ojo señores Ruiz Mateos, Carstens y Calderón. Sus paradigmas económicos, los que copiaron en las universidades extranjeras que se los enseñaron, ya no existen. ¿Cuáles van a tomar ustedes ahora? ¿Los de Obama? ¿Los del nuevo presidente de Panamá?

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