“¿Mujer al volante peligro al instante?” o los estereotipos hacia el “sexo débil”

Por Edgar Morín / Especial para Al Volante

A nadie sorprenderá escuchar que el del automóvil es un mundo masculino. Los hombres son los protagonistas y en este campo, como en otros más, el papel de las mujeres se ha hecho secundario. Si acaso, como podemos ver en el automovilismo deportivo o en mucha publicidad automotriz, su rol se reduce a ser parte del trofeo con el que se acompaña la premiación del piloto o un accesorio no muy difícil de obtener una vez que se tiene el auto adecuado.

La mujer al volante (Fotos de archivo y agencias).

Este desdén hacia las mujeres no sólo existe en fantasías publicitarias rebosantes de estereotipos, sino en la propia vida cotidiana. Basta pensar en las analogías del lenguaje que se hacen al hablar de un auto comparándolo con una mujer, por ejemplo: hay que aflojar la máquina de tal manera, igual que con las mujeres. O cuando manejan se hacen chistes sobre su falta de pericia, y no faltan los machines que sin miramientos les avientan el coche o gritan “por eso las matan”. Para que aprendan, les dicen. Sin faltar el trastornado que golpee el auto con el suyo y se dé a la fuga. Los hombres, aunque con honrosas excepciones, ya sea a gritos o con gestos, tendemos a generalizar y no se les baja de viejas taradas, por decir lo menos.

Se ridiculiza a la mujer en el volante por el hecho de serlo.

Sin embargo, casi nunca nos preguntamos qué piensan las mujeres. ¿Cómo ven a los hombres y cuál es su percepción al manejar en el tráfico de una ciudad como ésta? De algunas entrevistadas, lo primero que llama la atención en sus respuestas es el peso que tienen los clichés a la hora de conducir. Lo común, dicen ellas, es pensar que las mujeres son pendejas y que no reaccionan por ir maquillándose; que son miedosas e histéricas; lentas y poco arriesgadas; o nerviosas, y como además respetan demasiado las reglas de tránsito desesperan a los otros conductores. Que es muy revelador por la cantidad de accidentes que involucran a uno y otro sexo: la mayoría están en el rango de hombre de 18 a 30 años de edad tal como muestran las primas de seguros, por ejemplo. O que en el caso de mujeres los choques suelen ser el conocido laminazo, mientras que en los de sus contrapartes son comunes la pérdida total de la unidad, los heridos graves o muertos y asimismo abundan combinaciones con alcohol y drogas.

Clichés, estereotipos hacia la mujer.

Este respeto o no a las normas de movilidad también es revelador en lo simbólico, pues pareciera que manejan mal sólo por el hecho de ser mujeres. En este sentido, las agresiones están a la orden del día. Son frecuentes las mentadas de madre con el cláxon o a viva voz, los gritos de aprende a manejar o yo te enseño, mamacita, con todas sus variantes albureras, así como las caras de tenías que ser mujer. De ahí que varias prefieran manejar con los vidrios arriba para no escuchar. Pero no es el único tipo de agresión. Los cerrones, el meterse a la fuerza o ya de plano aventarles el coche está a la orden del día, sobre todo cuando se trata de microbuseros o camionetas tipo excursión que “con absoluto descaro y prepotencia se creen los dueños de la calle”. De hecho, algunas piensan (medio en serio, medio en broma) que el tamaño del auto es inversamente proporcional al tamaño del pene del conductor, por lo que deben tener más cuidado con los camioneros, camionetas y autos de lujo. Lo interesante también es que muchas mujeres, al menos entre las entrevistadas, ya no se resignan a ser insultadas y sin culpa de por medio responden a las agresiones, ya sea con gestos, señas, mentadas de madre o respuestas del tipo la que te parió, que sin duda dejan verde a más de un machín. Y algunas hasta se bajan del carro armadas con un pequeño bat. Pero también llama la atención, a decir de varias, la escasa solidaridad de género, esto es, que los peores insultos se los ha dicho otra mujer.

¿De veras existe un indicativo vial así?

Sobre el modo como manejamos los hombres, las respuestas varían y son muy divertidas. Primero, no abundan las generalizaciones. Es decir, que no todos los hombres manejan mal. Hay desde los expertos hasta imbéciles, pasando por los papanatas. Pero en general, dicen ellas, abundan quienes conducen con la intención de llamar la atención como si existiera una relación directa entre auto-velocidad-habilidad y virilidad, o luciéndose con el estéreo a todo volumen, los asientos tan atrás que más que sentado uno parece ir acostado, manejando con una sola mano y actitud de perdonavidas. Otros se toman el manejo como algo personal; los hombres somos aprehensivos y violentos así que no podemos quedarnos callados y respondemos a la menor provocación con otra agresión, lo que incluye bajarse del coche, golpearse y otras tantas escenas que pueden terminar en tragedia. Sobre todo cuando traemos lámina (según la interpretación psicoanalítica del tamaño inversamente proporcional a la del auto o camioneta), o cuando nuestro adversario es más débil y entonces abusamos. Por ejemplo, mujer (porque es vieja, me le meto y ni protesta), o viejo (es un ruco y por eso va tan despacio).

Habría que hablar también de la pericia de muchas mujeres al volante.

Y si bien dicen que todavía hay caballeros que ceden el paso, aunque uno lo dude, muchos conductores son prepotentes o su manejo es impetuoso y temerario (lo curioso es ver como este tipo de conducción puede valorarse de modo positivo o negativo de acuerdo a las situaciones y el género, o como esa seguridad termina por volvernos prepotentes). Tanto, que algunas mujeres piensan que al volante nos comportamos como adolescentes perpetuos hasta que llegamos a la edad senil y entonces nos transformamos en unas verdaderas tortuguitas. La pregunta entonces es, ¿cuántos hombres somos capaces de vernos reflejados en este espejo?

Mujer árabe consigue su licencia para conducir.

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