Carlos Ghosn o la codicia corporativa

Por Edgar Morín / Especial para Al Volante

La detención y posible procesamiento judicial de Carlos Ghosn en Japón va más allá de otro escándalo que sacude a la industria automotriz pues deja ver como la corrupción privada, que incluye prácticas típicas como el fraude, la evasión fiscal y otros delitos conocidos como de cuello blanco, es decir, que son cometidos desde posiciones de poder, es mundial y alcanza los más altos niveles de la escala social.

Carlos Ghosn: 7.3 millones de euros en 2017 (Fotos de archivo).

Hasta ahora el ya prácticamente despedido CEO nacido en Brasil de una familia de origen libanés y educado en Francia, ha sido acusado de usar bienes de la empresa para su beneficio personal y declarar a las autoridades menos ingresos de los que ganó; que no es poca cosa si tomamos en cuenta que agencias globales de inteligencia de mercado como Standard & Poor, estiman que tan solo en el año fiscal 2017 sus ingresos fueron de poco más de siete millones 376 mil euros. Un salario anual por encima del millón de euros, y casi otro millón y medio en bonos.

Claro que como han mostrado otros escándalos de financieros, altos ejecutivos o CEOs en casos como Enron o la quiebra de compañías como Lehman Brothers durante la crisis de 2008, los ingresos y beneficios estratosféricos en ese nivel son bastante comunes. Aun así la ambición puede llegar a no tener límites, y la propia trayectoria de quien salvó a Nissan del colapso financiero en 1999 para más tarde asociarla con Renault, Mitsubishi y hacerla el segundo conglomerado de manufactura automotriz del mundo, es bastante ilustrativa.

Ghosn: Mirada penetrante.

Este ingeniero políglota de 64 años y mirada muy penetrante pasó por la Escuela Politécnica de Francia, y en sí mismo muestra una diversidad cultural muy propia de estos tiempos de globalización que se asemeja a la de la misma industria automotriz cuya producción está cada vez más diversificada por todo el planeta. Se inició en Michelin y en su ascenso fue ocupando diversos puestos ejecutivos y en consejos de empresas como Alcoa, el Unibanco Itaú, GenOn Energy, las corporaciones Mirant y Sony además de la referida tríada automotriz. Y esto le permitió tejer una red de relaciones con 59 miembros de consejos en seis diferentes organizaciones que cruza 16 industrias diferentes. Una hiperactividad que lo mismo se traducía en emplear mucho las manos para reafirmar sus palabras, moviendo el cuerpo, sobre todo las piernas y sin fijar la vista en su interlocutor, y que además le dio para escribir dos libros donde contó su éxito en Nissan.

En cuanto a su red de relaciones en estos consejos de administración cabe recordar que entre las personas más conectadas a su red destacan Klaus C. Kleinfeld, de Alcoa Canadá, Marc Ladreit  de Lacharrière, en Renault, y James W. Owens de la misma corporación Alcoa. Cabe mencionar que en el consejo de esta última corporación, hasta antes de su arresto Ghosn también coincidía con el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo, quien sin más pasó de la función pública al sector privado donde ahora es alto ejecutivo de Procter & Gamble. Y con el director de Nissan Motors Greg Kelly, que fue arrestado el mismo día por mala praxis financiera.

Movimiento del cuerpo: Un tono de reafirmación del liderazgo.

Uno de los detalles más significativos de esta trama delictivo-empresarial es que la investigación y posterior detención se produjo a través de un soplón. Y contra lo que muchos podrían suponer, este tipo de personas no suele delatar por razones éticas dado que se trata de empresas cuya cultura corporativa es bastante cerrada y con rígidas jerarquías al punto que no es sencillo para el observador externo o un recién llegado darse cuenta de comportamientos poco éticos o ilegales ocurridos al interior de la empresa. Problemas que recientemente han padecido otras corporaciones japonesas como Toyota y Takata, las alemanas Volkswagen y Porsche, pero también instituciones bancarias como HSBC que lavó dinero para organizaciones mexicanas de traficantes de drogas y todo se solucionó con una multa pues en este tipo de delitos los procesos penales son más bien escasos. En este caso el delator fue interno y además de motivos relacionados con crisis éticas o de valores, lo más frecuente es que entre sus motivaciones estén la envidia, el resentimiento, las enemistades que se vuelven algo personal, o el chantaje de las mismas autoridades que le hallan alguna irregularidad o ilícito y comienzan a presionarlo hasta que decide cooperar; lo que curiosamente no tarda mucho, pues a diferencia de otro tipo de delincuencia donde la omertá o ley del silencio todavía funciona, en la delincuencia de cuello blanco se delatan unos a otros con mucha facilidad pues su miedo a la cárcel es enorme como ha podido verse recientemente en el escándalo de la brasileña Odebrecht que alcanzó incluso a no pocos presidentes como Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón.

Es muy probable que la enorme ambición y éxito de Carlos Ghosn trajera consigo demasiados resentidos que esperaron el momento oportuno para delatar su posible evasión fiscal y adelantar el relevo en una compañía que bajo su dirección suprimió alrededor de 21 mil empleos y en su momento tuvo no pocas fricciones con el gobierno francés por la sociedad Renault-Nissan. Aun así, la comunicación institucional no lo ha tratado tan mal pues el boletín de prensa de la compañía no dice delitos sino el eufemismo una “seria mala conducta” y por aquello de preservar los imaginarios empresariales asiáticos ofrecen una disculpa por haber causado una gran preocupación a los accionistas y a las diferentes partes interesadas. El problema es que las investigaciones apenas comienzan y pueden dar mucho más de qué hablar sobre la corrupción privada y la codicia corporativa.

 

Nota: El Dr. Edgar Morín es antropólogo social mexicano. Ha escrito obras como “La Maña” y está por sacar a la luz “Crímenes de Cuello Blanco y Otras Historias Sobre el Capitalismo de Amigotes” de Editorial Grijalbo.

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