El robo de autos en México

Por el Dr. Edgar Morín / Antropólogo (Especial para Al Volante).

Dado que los problemas de inseguridad y violencia no desaparecen por arte de magia o pura voluntad, antes de que termine la presente luna de miel entre el gobierno que agoniza, el recién electo y los poco más de 30 millones de electores que respaldan al candidato ganador, es útil insistir en la existencia de algunas prácticas delictivas nodales cuyo combate puede ayudar a contener fenómenos de criminalidad  violenta que actualmente parecen estar desbordados.

El Estado de México ocupa el primer lugar en el robo de autos con el 35% (Fotos de archivo).

Como ya han planteado diversos analistas de seguridad, el robo de automóviles es una de esas actividades pues es común que un vehículo robado a su vez sea utilizado para cometer otros delitos: robos de todo tipo (a banco, negocios o casa habitación), pero también crímenes de índole sexual, secuestros y homicidios. Por si fuera poco, hay toda una economía criminal en torno al automóvil cuyos rostros más conocidos ahora son la exportación en contenedores rumbo a cualquier parte del mundo, y para el mercado interno su desmantelamiento y venta de autopartes, la falsificación de documentos y clonación de unidades para reventa posterior, el lavado de dinero, fraude y otros delitos no violentos (que por lo mismo suelen pasar desapercibidos), además de un universo delincuencial de redes locales, regionales y transnacionales, no siempre interconectadas, donde no debe faltar la subcontratación pues un asaltante promedio (o rata estándar, según se prefiera) recibe no más de 5 mil pesos por hurto. El auto es tan significativo, pues en torno suyo incluso inciden cuestiones culturales, que hay países donde se premia a los policías que desmantelan bandas de crimen organizado con los coches decomisados; por lo general marcas y modelos Premium.

En los últimos años a esta economía conectada con lo informal, lo ilegal y lo legal que mueve cientos de millones y además muestra un fenómeno que implica corrupción público-privada donde lo mismo caben policías, MPs y agentes aduanales que ejecutivos de aseguradoras o de agencias automotrices, se le ha sumado el robo de motocicletas y tractocamiones. Datos de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), muestran que dichos delitos siguen al alza y tanto los modelos robados como la forma de hacerlo aportan pistas para entender este mercado negro así como la transformación de la propia delincuencia, pues ahora una constante es el uso generalizado de armas de fuego para amenazar y despojar. Así fue en el 2017 en el 62% de todas la unidades aseguradas que se robaron (que aumentó por tercer año consecutivo y a la que deben sumarse todos los vehículos no asegurados), sobre todo para modelos como los KIA Sportage y Rio, el Hyundai Grand i10, Ford Figo, Volkswagen Vento y Polo, Nissan XTrail, Mazda CX5, el camión Freightliner y la Toyota Hiace, pues en los de Nissan, el Tsuru, pick up NP300 o el Versa, el GM Aveo, la motoneta Italika 111-250, el Volkswagen Jetta y Clásico, el Nissan Sentra o el tractocamión Kenworth, que han sido los modelos más robados en los últimos meses, no necesariamente se empleó la violencia.

Una política criminal eficaz debe ser integral y con algunos ejes transversales.

A reserva de la próxima actualización de datos que está por salir, convendría tomar en cuenta que el año pasado 80% de los robos con violencia ocurrieron en nueve de las 32 entidades federativas. El Estado de México ocupa el primer lugar con el 35% de los ilícitos, seguido de Jalisco con 11% y la CDMX el 10%. Le siguen Puebla, Veracruz, Sinaloa, Michoacán, Tabasco y Guanajuato, todos con menos del 6% Y particularidades en cada caso hasta municipales, como esa suerte de corredores que se forman en sitios como Tlalnepantla, Ecatepec, Gustavo A. Madero e Iztapalapa, con salidas hacia Querétaro y Puebla por ejemplo, o que en lugares de Guanajuato lo más común hoy día es robarse camionetas para el transporte de huachicol. Si cruzamos estos y otros datos (muchos de los cuales son públicos) con los modelos más robados podemos obtener un mapa más o menos detallado sobre este mercado negro donde lo mismo aparecen los gustos del consumidor mexicano, por ende el de su delincuencia, como su lealtad de marca a Volkswagen y lo cotizado del Jetta pese a las polémicas por su tecnología, que hechos como que el Tsuru pasó a ocupar el lugar que tuvo el popular vocho, recordándonos que el mercado de autopartes se volvió tan buen negocio y márgenes de utilidad tan altos que contribuyeron a producir efectos como el desarrollo de otro lucrativo mercado informal de compra-venta de piezas usadas y robadas. O el aumento de asaltos en carreteras donde se llevan el camión con todo y mercancía, las necesidades de la delincuencia organizada como desorganizada que utiliza distintos tipos de camionetas… Y no pocas preguntas, como si ¿habrá algo más que retenes sin ton ni son y la ocurrencia de detener bajo cualquier pretexto motonetas para reducir los ilícitos relacionados con ellas? O si la empresa Nissan, ya que cuatro de las 5 submarcas más robadas en todo el país son fabricados por ellos, ¿tendrá alguna buena idea para mejorar los sistemas de seguridad de sus unidades? O si esa parte de la llamada responsabilidad social ¿debe entrar o no en las preocupaciones de fabricantes e importadores?

Claro que transformar en programa todo esto no es sencillo. Lo que sí muestra es que en este momento una política criminal eficaz debe ser integral y con algunos ejes transversales que necesariamente pasan por combatir el tráfico de armas y el robo de todo tipo de vehículos, para el que ya se cuenta también con algunas herramientas tecnológicas y hasta un Repuve que puede ser mejorado. Además de que hay muchas ideas que podrían ser útiles dada la imaginación y creatividad que se requiere para echar a andar una política pública diferente y además que intente ser respetuosa de los derechos humanos. Así que por eso no está de más que las autoridades recién electas convocaran a la mayor cantidad posible de actores sociales para aportar y sumar, en vez de comenzar a mandar señales preocupantes incorporando personajes acusados de corrupción y tan cuestionados en su papel a cargo de la seguridad pública. El caso concreto de Manuel Mondragón y Kalb. Ya el tiempo dirá.

Las automotrices, como Nissan, ¿podrán mejorar la seguridad externa de sus unidades?

 

 

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